Hoy venía en el Roca, apoyado en un panel que sobresalía en el interior de uno de esos nuevos vagones, que le compramos a Los Portugueses, porque Los Portugueses no se lo vendían a nadie.

El tren comenzó a llenarse. Un hombre intentó poner su mano entre el panel y mi espalda, para sujetarse,incomodándome, por supuesto, no se lo permití.

Frustrado, luego de intentar e intentar sin éxito bajo la mano y comenzó a intentar hacer lo mismo pero esta vez entre el panel y mi culo.

Pronto ya no le intereso el panel, solo mi culo.

Al principio solo lo rozaba, pero después siguió hasta hacerme sentir todos y cada uno de los dedos.

Me inquieté, obvio!.

Empecé a darle palmadas para que alejará su mano, pero nada, luego piñas, pero continuo, hasta que le agarré su mano, abrí su palma y torcí uno de sus dedos, hasta casi fracturarlo, mientras gritaba “¿Hasta cuando me vas a tocar el culo?, puto de mierda”.

El bullicioso vagón se transformó en un iglesia ortodoxa. Nadie hablaba, nadie susurraba.

Una mujer me miro indignada, enojada conmigo, como diciendo “¿Sabes cuantas veces me tocaron el culo?. A vos te lo rozan y haces semejante escándalo”.

Otra buscó mis ojos orgullosa, dando a entender “¿Ahora entendes lo que vivo todos los días?” o “Todas tendríamos que reaccionar así”.

El hombre desapareció presuroso en la multitud y yo me prometí abrir este mini post para pedirle perdón a los putos y a la gente de mierda.