Me cuesta mucho no ir a trabajar. Suelo ir hasta las últimas consecuencias, mientras mis seres queridos me insultan, porque no cuido mi salud.

Todo me apunta

Ayer cuando me acosté sabía que no iba a poder ir a trabajar, que a la mañana iba a tener que llamar y vivir el momento incómodo de hablar con mi jefe, que siempre me dice “Ok, nos vemos mañana”, acotando mi recuperación.

Lo que soñé fue extrañó, bizarro, gracioso.

Llamaba a mi jefe, enfermo y cuando me preguntaba que enfermedad tenía, como no me acordaba y era lo primero que se me ocurría decía “Me pegaron un tiro”.

Seguíamos hablando normalmente luego, hasta que él me decía “Bueno, que te mejores, nos vemos mañana”.

Al día siguiente iba, y la gente, sobretodo mi jefe, querían ver el tiro, yo me ponía muy nervioso y tartamudeando decía “Bueno, no es que me pegaron el tiro, sino estaría muerto, la bala apenas me rozó, pero me duele y quedé mal psicológicamente”.

Nadie me creyó, me puse nervioso y estaban a punto de echarme cuando me desperté.