Conocí a Michael en 1984.
 

Michael + Jackson la formula del exito

Estaba en el Tortoni tomando un café y él había llegado a la Argentina para cumplir uno de sus sueños, ver un recital de Piazzola en vivo.

En el momento no lo reconocí, tal vez lo negué, cosa de la que me arrepentiría toda mi vida.

Le habían servido un cortado con bastante leche, que no llegaba a ser una lágrima y miraba a los costados como buscando el azúcar. Se la acerqué, pero me dijo en un perfecto Inglés, con ritmo, como si se trata de una de sus canciones: “No, gracias, no te preocupes”.

Más tarde tendría muchos éxitos y algunos fracasos, problemas con las justicia y financieros, matrimonios por cy a hasta una cara parecida a la de Diana Ross. Superaría a su ídolo, Marvin Gaye y tendría discipùlos lustres como Justin Timberlake, pero para mi ese fue siempre Michael Jackson, el tipo que en el Tortoni, con un tono sumiso, pero penetrante, me dijo que no me preocupe.

No me preocupé en ese entonces, y mucho menos lo haré ahora, que murió y está en el cielo con Alfonsin y Fernando Peña charlando de la vida, confundiéndose en un abrazo. Lo mismo hubiera pasado si se le ocurría seguir viviendo, en Omán o California.

Hoy Michael Jackson cantó su última canción, tarareó su último estribillo, no desafinó.

Muchos festejaran al Rey del Pop, otros condenaran al Pederasta, yo prefiero recordarlo como lo que era y seguirá siendo para mi, el tipo que recorría los cafés de Buenos Aires dando buenos consejos, sin preocuparme.