Nuevos avances en la ecuación de la felicidad.

Los estudios económicos sobre la felicidad integran un campo emergente, que surgió en 1974, con los trabajos de Richard Easterlin y su paradoja de que “el dinero no hace la felicidad”, pero que recién en los últimos seis años años “explotó” entre los académicos.

Hasta hay una “base global” con millones de datos que indican que son más felices: las mujeres que los hombres, quienes tienen muchos amigos, los que viven con una pareja estable, quienes gozan de buena salud, tienen presión sanguínea baja, hacen el amor al menos una vez por semana, dedican tiempo a actividades solidarias, votan a la derecha y son religiosos.

La felicidad es contagiosa. Daniel Gilbert, colega de Di Tella en Harvad, halló que los niveles de bienestar emocional de una persona tienen una relación muy estrecha con los de quienes la rodean.

El “ciclo de vida” de la felicidad tiene forma de “U”: es alta en la infancia y juventud, baja en la edad mediana y vuelve a aumentar en la madurez.

Encarar actividades inusuales, romper la rutina, rodearse de gente positiva y gastar plata en experiencias antes que en productos (una excursión de buceo antes que varios pares de zapatos, por ejemplo) son decisiones que ayudan a robustecer los niveles de felicidad.